Libro 7: Una epistemología del Sur de Boaventura de Sousa Santos


En su obra Una epistemología del Sur, Boaventura de Sousa Santos propone una profunda crítica al monopolio epistémico del Norte global. Según el autor, la modernidad occidental ha impuesto un modelo único de conocimiento, desplazando, silenciando y deslegitimando los saberes ancestrales, comunitarios, espirituales y populares que emergen desde los márgenes del sistema capitalista y colonial. Frente a esta lógica, Santos propone la necesidad de una ecología de saberes: una convivencia entre conocimientos diversos, sin jerarquías, donde los pueblos del Sur global puedan recuperar su voz, su historia y su legitimidad epistémica. La película Kinra (2024), dirigida por Marco Panatonic, encarna esta propuesta al retratar la migración de un joven quechua desde los Andes a la ciudad, y las tensiones culturales, lingüísticas e identitarias que atraviesa en ese proceso.

El título Kinra proviene del quechua y puede traducirse como “frontera”, un concepto que se convierte en metáfora central del filme. El protagonista vive en una frontera múltiple: geográfica, al pasar del campo a la ciudad; lingüística, al tener que adaptarse a un español dominante; y epistémica, al transitar entre un mundo comunitario basado en el ayllu y la reciprocidad, hacia una modernidad urbana regida por el individualismo y el consumo. Esta frontera, sin embargo, no es un espacio de fusión armónica, sino de conflicto y dolor, donde el saber propio es constantemente inferiorizado. El joven protagonista debe esconder su idioma, su vestimenta y su historia para “encajar”, lo que refleja la violencia epistemológica de la que habla Sousa Santos: aquella que impone el olvido como condición de integración.

A lo largo de la película, el protagonista recuerda fragmentos de su vida en la comunidad andina: las palabras de su abuela, los rituales agrícolas, las canciones en quechua. Estos recuerdos no son simples nostalgias, sino formas de conocimiento que resisten a ser borradas. La película no romantiza la vida rural, pero sí la muestra como portadora de una lógica distinta: una relación armónica con la tierra, con el tiempo y con los otros. En términos de Boaventura, se trata de saberes subalternos que han sido históricamente negados por el proyecto civilizatorio moderno. Kinra los recupera desde una mirada respetuosa y situada, evitando la traducción forzada o la folklorización.

Uno de los ejes centrales de Kinra es la cuestión lingüística. El personaje principal es quechuahablante, pero debe ocultarlo en la ciudad, donde el idioma originario es asociado con ignorancia y atraso. Esta imposición del castellano como única lengua válida revela una colonialidad del saber, donde no solo se desvaloriza una lengua, sino todo un sistema de conocimiento, cosmovisión y relación con el mundo. Sousa Santos afirma que “no hay justicia social sin justicia cognitiva”, y Kinra lo muestra con claridad: la marginación lingüística se traduce en exclusión social, educativa y emocional.

El entorno urbano que retrata Kinra está marcado por la indiferencia, la discriminación y la despersonalización. La ciudad aparece como un espacio que devora identidades, en el que el protagonista se convierte en un cuerpo anónimo entre millones. Esta representación crítica responde a la tesis de Santos sobre la “monocultura del saber y del ser”: una lógica global que uniformiza, jerarquiza y destruye lo diverso. Frente a esto, el retorno del personaje a su identidad y su lengua —aunque no sea necesariamente físico o literal— es un acto político y epistémico de reexistencia.

Kinra, al estar hablada en parte en quechua y dirigida por un cineasta peruano que trabaja con comunidades originarias, no solo representa una historia desde el Sur, sino es una práctica epistémica del Sur. En lugar de hablar sobre los pueblos indígenas, habla desde ellos, con sus códigos, ritmos y silencios. Así, se inscribe en el proyecto de Boaventura de construir “una epistemología insurgente”, capaz de disputar el derecho a narrar, a teorizar, a existir con dignidad desde la diferencia.

La película Kinra es una poderosa expresión audiovisual del pensamiento de Boaventura de Sousa Santos. A través de la historia de un joven quechua en la ciudad, se pone en evidencia el conflicto entre saberes: el saber hegemónico que exige asimilación, y el saber comunitario que busca persistir. El filme invita a reflexionar sobre cómo descolonizar nuestras formas de mirar, de enseñar, de valorar. En un mundo atravesado por profundas desigualdades epistémicas, Kinra ofrece una imagen viva de la posibilidad de resistir sin renunciar a la memoria, al idioma y a los modos de ser que han sido injustamente relegados. Es, en sí misma, un gesto de epistemología del Sur.

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