Libro 1: Para leer al Pato Donald, Ariel Dorfman y Armand Mattelart
Este libro explica los conceptos descritos en los cómics de Disney, que si bien parten de un público objetivo infantil, tiene valores a favor del colonialismo e imperialismo.
Las interacciones que se retratan en los cómics no son tan inocentes una vez que se desmenuza el diálogo y el discurso que se repite a lo largo de los cómics. Donald y sus amigos promueven el discurso de desigualdad social de una manera naturalizada ignorando factores como la importancia de la consciencia social y de clase.
En las interacciones también se destaca la importancia del individualismo dado que no se proyectan los vínculos familiares de los protagonistas y se destaca el papel del capitalismo como idea de éxito absoluto.
En la construcción de la imagen del "auténtico salvaje", se alude a un estereotipo formado en el ámbito colonial que lo caracteriza como una persona pura e inocente, lo que fortalece la noción de que las comunidades indígenas y las clases bajas deben ser civilizadas o "educadas" conforme a las reglas del orden establecido.
En varias representaciones dentro de los cómics, el Pato Donald y sus tíos se presentan como aventureros o empresarios que arriban a territorios extraños, donde los residentes locales requieren ser orientados o explotados debido a su pobre intelecto. Esta ilustración obedece a un razonamiento de colonialismo cultural que fortalece la noción de que algunos países deben ser gobernados por supuestamente tener más progreso. Este modelo concuerda con la percepción del mundo impulsada por las grandes potencias occidentales durante el siglo XX, particularmente en el marco de la Guerra Fría. Estos relatos potencializados por la globalización, enseñan a los niños de América Latina y otras regiones colonizadas que la riqueza y el triunfo solo podían provenir del extranjero, fortaleciendo de esta manera una mentalidad de dependencia y de dependencia.
Aquí también se fortalece la hegemonía de Estados Unidos, este país se caracteriza por la cultura individualista representada en los tíos de Donald no solo en su perspectiva de superioridad sino también en su vestimenta como representación de riqueza.
La correlación que se crea tras reafirmar los valores del sistema capitalista crea creencias limitantes en niños de países históricamente descritos como subdesarrollados o de tercer mundo y se crea un espiral en el que el pensamiento de los niños es moldeado desde etapas formativas, por lo que para cuando tienen una capacidad crítica más avanzada, su normalidad es ser dependiente de una economía dominante y sus deseos y su perspectiva de éxito solamente son las aspiraciones de un sistema que se alimenta de los recursos de los países dependientes.
Finalmente, el estudio de los dibujos animados de Disney demuestra que la cultura popular ha servido como medio para propagar ideologías que mantienen la hegemonía occidental, el individualismo y la inequidad social. Mediante personajes como el Pato Donald y su familia, se fortalecen estereotipos que respaldan la explotación y la dependencia financiera de determinados países, fortaleciendo una percepción del mundo en la que el triunfo solo se puede alcanzar dentro del sistema capitalista. Identificar estos discursos es el inicio para interrogar y reinterpretar las historias que hemos asimilado desde nuestra niñez.
Frente al impacto que los cómics y otros productos culturales ejercen en el desarrollo del pensamiento de los niños, es esencial promover un estudio crítico de sus mensajes. Es imprescindible fomentar narrativas distintivas que destaquen la diversidad cultural, la importancia de la comunidad y la relevancia de una perspectiva mundial más justa. Únicamente mediante una educación reflexiva y consciente podremos cuestionar las estructuras de poder que mantienen la inequidad y la dependencia económica en las sociedades actuales.



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