Libro 2: La doctrina del shock Naomi Klein
Klein traduce este concepto a la realidad socioeconómica de países acostumbrados a los movimientos bruscos por parte de los gobiernos de turno. Klein aplica el sentimiento del shock y su concepto al ámbito político y financiero y defiende el hecho de que si una persona afectada por un shock puede ser reestructurada, también una sociedad traumatizada puede ser "remodelada" con nuevas normas, a pesar de que estas perjudiquen sus intereses.
Uno de los puntos más importantes que presenta Klein es el aprovechamiento por parte de las estructuras económicas de los momentos más vulnerables de la sociedad, en el libro, Klein analiza la relación de las crisis y la imposición de cambios radicales sin el consentimiento informado de la población. En Don’t Look Up, el cometa es una crisis real y urgente, pero los actores de poder no solo la minimizan, sino que buscan sacarle provecho económico, esta película si bien es de comedia, retrata las problemáticas que están en el libro y abre una nueva dimensión que juega un rol fundamental en la percepción de un crisis, el poder mediático. En la película, los medios tratan la noticia del cometa como una broma o como algo que no debe “alterar el ánimo de la audiencia”. Esto refleja cómo, en situaciones de shock real, se controla el relato mediático para que la población no reaccione de forma disruptiva, un valor claro tanto en la película como en el libro es ver en la destrucción una nueva frontera de ganancias.
Naomi Klein plantea una tesis inquietante pero fundamentada: las crisis no solo son momentos de desestabilización, sino también oportunidades deliberadamente aprovechadas para imponer medidas impopulares, con escaso o nulo consenso social. Al comparar esta lógica con una representación satírica como Don’t Look Up, se evidencia el papel crucial de los medios en moldear la percepción pública, banalizando incluso las amenazas más inminentes. Ambas obras coinciden en señalar que, en tiempos de caos, la lucha por el control del relato se vuelve tan determinante como la gestión misma de la crisis.
La teoría del shock económico y social propuesta por Naomi Klein expone una mecánica de poder que se activa con particular fuerza en contextos de crisis. El paralelismo con Don’t Look Up enriquece esta visión al introducir una crítica directa al papel de los medios como dispositivos de control simbólico, capaces de diluir la gravedad de una amenaza a través de la espectacularización o la trivialización. En ambas obras, el trauma no es solo un efecto colateral del desastre, sino un medio mediante el cual se habilita la reconfiguración de la realidad según los intereses de las élites dominantes. Esta perspectiva invita a cuestionar no solo las acciones que se toman en situaciones límite, sino también las narrativas que las legitiman.



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