Necropolítica de Achille Mbembe

En su influyente obra Necropolítica (2003), el filósofo camerunés Achille Mbembe desarrolla una crítica profunda al poder soberano contemporáneo, argumentando que en muchos contextos modernos el ejercicio del poder se define no tanto por la administración de la vida (biopolítica), como sostenía Michel Foucault, sino por la capacidad de decidir quién debe morir, quién puede vivir bajo condiciones de muerte, y qué cuerpos pueden ser eliminados sin consecuencias políticas. Este concepto, que Mbembe denomina necropolítica, se hace visible en regímenes autoritarios, contextos coloniales, territorios militarizados y sistemas de exclusión racial o de clase. La saga cinematográfica The Hunger Games (2012–2015), basada en la trilogía de Suzanne Collins, representa de forma alegórica pero contundente esta lógica necropolítica. A través de la estructura distópica del Panem (una sociedad jerárquica en la que las élites del Capitolio gobiernan sobre distritos empobrecidos y reprimidos) la narrativa explora cómo el poder se sostiene mediante el control sobre la muerte, la violencia espectacularizada y la normalización del sacrificio de los cuerpos considerados prescindibles.
En el universo de The Hunger Games, el Capitolio representa la instancia soberana que decide sobre la vida y la muerte de los habitantes de los distritos. Su dominio se sostiene no únicamente mediante el control de los recursos o de la información, sino sobre todo mediante la violencia ritualizada de los Juegos del Hambre. Esta competencia anual, en la que jóvenes son seleccionados para luchar a muerte, no solo busca entretener a la élite, sino servir como recordatorio simbólico y material del poder absoluto del Capitolio sobre los cuerpos periféricos. Siguiendo a Mbembe, esta estructura refleja un modelo en el que ciertas vidas no son consideradas dignas de ser vividas. Los habitantes de los distritos son tratados como residuos humanos, como cuerpos desechables cuya existencia solo adquiere valor como espectáculo. La violencia no se oculta: se exhibe. Se convierte en forma de gobierno, en método de disciplinamiento colectivo y en estrategia de control territorial.
En la lógica necropolítica de The Hunger Games, no todas las muertes valen lo mismo. Las del Capitolio se lamentan; las de los distritos se normalizan. La distribución geográfica y económica de Panem establece una jerarquía necropolítica: cuanto más pobre es un distrito, más expuesto está a la muerte, la precariedad, el castigo y la invisibilidad. Esta distribución desigual del derecho a vivir o morir se alinea con lo que Mbembe identifica como una de las características clave de la necropolítica: la distribución desigual de la violencia y del valor de la vida, estructurada por el racismo, el clasismo y la colonialidad. El sistema de Panem no es solo una distopía futurista; es una representación simbólica de los sistemas contemporáneos en los que millones viven bajo condiciones de muerte lenta: en la pobreza extrema, en campos de refugiados, en favelas, en zonas militarizadas o marginales.
The Hunger Games ofrece una potente alegoría del concepto de necropolítica formulado por Achille Mbembe. A través de su representación de un sistema de gobierno basado en la gestión espectacular de la muerte, la exclusión de poblaciones enteras, y la transformación del castigo en entretenimiento, la saga expone los mecanismos con los que el poder decide no solo cómo se vive, sino quién puede morir sin consecuencias. Lejos de ser solo una fantasía distópica, la película funciona como espejo crítico de realidades contemporáneas donde la vida de algunos vale más que la de otros, y donde el espectáculo, la militarización y la desigualdad estructural operan como tecnologías de dominación. Así, The Hunger Games se convierte en una herramienta poderosa para comprender cómo la necropolítica se manifiesta, se reproduce y quizás puede ser desafiada.

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